Después de años de espera y preparación, finalmente, en Junio del 2011 comencé mi viaje por las tierras de India. Gracias a la experiencia de nuestros amigos en Savittar Yoga, India se ha convertido en un lugar más cercano, pero aún misterioso y enigmático. Muchos consejos y buenos deseos llevé conmigo, siendo parte importante de mi viaje en todo momento.
Pune es una ciudad de más de 5 millones de habitantes, con una población con un alto nivel de educación (dentro de los estándares de India). Se pueden encontrar muchas universidades, gente joven y bastantes extranjeros, quienes llegan a esta ciudad a estudiar, más que a hacer turismo.
El instituto es un lugar simple, limpio y austero. Es una construcción de 3 pisos. En el primer piso está la secretaria y algunas oficinas, el segundo piso es la sala de clases generales y en el tercer piso está la sala de clases para principiantes y nivel intermedio. Las clases generales o avanzadas son dirigidas por los hijos de Guruji, Geeta y Prashant Iyengar, y también por Abhijata, nieta de B.K.S. Iyengar. Grandes enseñanzas y lecciones abrieron mi entendimiento del yoga, absorbiendo toda la información posible, siempre considerando que el yoga es un conocimiento tan amplio, que en las limitaciones del tiempo y el espacio no puede ser comprendido en su totalidad.
El hogar de la familia Iyengar está en el mismo terreno del instituto. Sin lujos ni ostentaciones, conviven en este pequeño espacio, como una familia común. Mantienen su privacidad, dejando afuera las adulaciones y palabras de admiración de cientos de extranjeros que llegan cada año. Distantes del mundo externo, dedican su vida a la experiencia y enseñanza del yoga tal cual como ellos lo ven y lo han aprendido. Mis respetos para su sacrificio. Renunciando a las gratificaciones sensoriales y a las comodidades de la vida moderna, guían y asisten a los estudiantes desde sus propias experiencias.
Me impresionó la vitalidad y claridad mental de Guruji, B.K.S. Iyengar. Con 93 años, mantiene su practica de asana y pranayama diariamente, enseña a sus discípulos más cercanos durante las prácticas, guía a Abhijata en las clases que ella dicta, participa regularmente de las clases terapéuticas, y además, pasa las tardes en la biblioteca, donde está su oficina. Ahí recibe a distintas personas que buscan hablar con él, responde cartas, escribe sus libros, etc.
Fue un honor haber conocido a ese hombre, una leyenda viviente, un verdadero maestro, un verdadero yogi.
Estoy muy agradecido de haber tenido la oportunidad de estar allá, pude conocer profesores y estudiantes de Iyengar Yoga de todo el mundo, compartir experiencias, y aprender sobre la vida y el yoga. Espero volver pronto. No se debe dejar de aprender.
Mis agradecimientos para las personas que encontré en mi camino, y para todos quienes tuvieron palabras de apoyo.
Cristobal altamirano,
profesor de Iyengar Yoga.
Savittar Viña del Mar





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